jue. Oct 1st, 2026

Aquello que Ninguna Ecuación Encierra

Hay algo en ti
que desafía la quietud primera,
como si hubieras aprendido
que el universo jamás supo quedarse inmóvil.

En tu mirada habita
la obstinación secreta de las órbitas,
esa insistencia invisible
con la que todo cuerpo busca su centro
aunque el espacio se doble en el intento.

Hablas,
y el tiempo parece curvarse apenas,
cediendo a la extraña geometría
de quien comprende
que toda distancia depende del observador.

Tienes la belleza exacta
de los sistemas al borde del caos:
ese delicado desorden
donde una mínima variación
reorganiza galaxias.

En ti también vive
la certeza de lo irreversible:
ese lento deshojarse de las formas,
la inevitable dispersión de toda llama,
la nostalgia térmica
con la que el mundo envejece.

Y aun así,
persistes.

Como persiste la simetría
incluso después de quebrarse,
como persiste la luz
atravesando la incertidumbre
sin decidirse nunca del todo
por ser onda o destino.

Hay en tu existencia
algo que ninguna ecuación termina de encerrar:
una constante no escrita,
una incógnita luminosa,
ese residuo imposible
que sobrevive a toda demostración.

Quizá por eso pienso
que si el universo sigue expandiéndose
no es por obediencia a sus leyes,
sino por esa antigua intuición
de parecerse un poco a ti.

Porque eres Aquello que Ninguna Ecuación Encierra.

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Un bello poema; elegante, abstracto y con guiños a la física y las matemáticas: ecos de entropía, relatividad, caos, curvatura, simetría rota, incertidumbre, infinito, conservación, expansión. No nombra fórmulas de forma explícita; las sugiere y eso es hermoso.

El poema es de un amigo cuyo nombre me pidió no ser mencionado, solo su pseudónimo. Gracias, OSSO.